09/05/2021

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Antumi Toasijé Antumi Toasijé: «El Gobierno necesita más valentía para luchar contra el racismo»

Antumi Toasijé, presidente del Consejo para la Eliminación de la Discriminación Racial o Étnica (CEDRE). — Cedida
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Venimos de un contexto de retroceso internacional con el auge del discurso de la extrema derecha. No están inventando el racismo, pero determinados discursos políticos lo legitiman, y eso se traduce en la calle. El racismo ahora es más explícito, la población se siente más legitimada para mostrar rechazo. Otro factor es la pandemia, viendo que más población asiática ha percibido conductas racistas. No hay que engañarse, el racismo aprovecha cuestiones circunstanciales para crecer, pero sigue habiendo un racismo estructural que opera a largo plazo.

El trato policial en general ha mejorado, pero mucho menos de lo que quisiéramos. Se ha hecho un esfuerzo por mejorar una situación previa en la que había muchos informes negativos, denuncias y altas tasas de perfilamiento racial en la acción policial. Y sigue existiendo. No nos podemos congratular de este descenso del racismo policial porque debería haberse reducido a la mínima expresión. Ha habido una gran campaña de sensibilización y el signo del Gobierno ha cambiado, que siempre influye.

Sí. La infradenuncia que hay tiene que ver con la desconfianza en las instituciones, en la utilidad de la denuncia. La base es real. No podemos pedir a la población que denuncie casos de racismo y luego tomar decisiones que mantienen los expedientes de expulsión o que hacen que alguien que ha sufrido un delito no esté «inmunizado» ante una sanción cuando va a denunciar.

Es muy lamentable y exige un cambio en la Ley de Extranjería. Luchamos legislativamente para que a una víctima de delito no se le pueda incoar un expediente de expulsión por estancia irregular. Esto dificulta el tema de forma grave, no solo para la lucha contra el racismo, también genera impunidad en delitos contra las personas migrantes, desde agresiones sexuales hasta abusos laborales. Hemos visto a personas migrantes trabajadoras que han fallecido abandonados a las puertas de un hospital. Eso sucede por decisiones como esta. Si no protegemos a la parte más débil de la cadena se hace un flaco favor a la lucha antirracista. Pero hay que dejar claro que esta decisión no implica un cambio de política, solo un mantenimiento de lo que había anteriormente.

Echo de menos más contundencia de la sociedad en general y de todas las administraciones. Dejando de lado a la extrema derecha, en todos los sectores hay personas antirracistas. No interesa aquí hacer guerra política porque es una cuestión que trasciende el momento, es a largo plazo. El racismo es ignominioso. Me gustaría que este Gobierno tuviera más implicación, pero también los anteriores y los futuros, y eso implica a la sociedad en su conjunto. Hay que dar otras perspectivas porque el racismo tiene diferentes dimensiones, no solo las migraciones. Hay poblaciones que han vivido a lo largo de siglos en España y están excluidas de todos los ámbitos públicos. El pueblo gitano es un ejemplo evidente: mira la Cañada Real. Si fuera otro tipo de colectivo el que está sin luz desde hace meses se actuaría de otra manera.

Estoy totalmente de acuerdo con la recomendación del Defensor del Pueblo, que es socialista, y lamento que no se tenga en cuenta su posicionamiento. El Gobierno en general busca objetivos comunes, pero está compuesto por diferentes personas y partidos que no piensan exactamente igual. Yo vengo del activismo, donde todo es más rápido y las reacciones son más directas, pero el aparato del Estado tiene muchos actores.

Si creyera eso estaría dando alas a los argumentos racistas de la extrema derecha. Estaría diciendo que el racismo tiene una razón de ser y no lo creo así. Si los migrantes fueran alemanes no se pensaría eso.

Es evidente que la gestión migratoria en Canarias es manifiestamente mejorable, en derechos humanos y desde la lógica del sistema. Me niego a hablar de crisis migratoria porque no son algo puntual, sino estructurales, con más o menos intensidad, pero siempre está ese fenómeno. Se tenía que haber sido más previsor, sí. En Canarias crece el racismo por parte de grupos determinados de personas que hacen mucho ruido, pero no son representativos de su sociedad. No se está trabajando adecuadamente ni se ha tenido en cuenta lo que suele suceder en estos casos de grandes llegadas de personas. Precisamente, una de nuestras funciones como Consejo es orientar al Gobierno en materia migratoria y ofrecemos nuestros conocimientos y nuestra ayuda.

Hay consultas, pero la comunicación debería ser más fluida. Estaría bien que se tuviera más en cuenta al Consejo, porque gestiona la actividad de diez grandes ONG que trabajan sobre el terreno. Pero sobre todo, como panafricanista que soy y como afrodescendiente, no creo que la migración sea la solución para África. Se llega a esta situación migratoria por el contexto internacional y económico neocolonial y por las políticas de opresión que se ejercen en África.

Lo ideal es que la gente viaje libremente, pero no obligada por el contexto. No hay que hablar solo de acogida y derechos humanos, también hay que reflexionar seriamente sobre los acuerdos que hay entre África y Europa, porque son responsables de gran parte de las razones para migrar de miles de personas. En el contexto del franquismo, muchos españoles tuvieron que emigrar por diversas razones, políticas y económicas. Esto hay que verlo de la misma manera. Si hay acuerdos de pesca que esquilman el pescado en África, si hay malos gobiernos en África porque a los buenos gobernantes se los ha eliminado físicamente o con golpes de Estado, esa es la línea que hay que trabajar. Pero nos preocupamos de lo urgente y no de lo importante. Se hace oídos sordos a una realidad injusta.

Es algo vital de lo que se habla poco. Influye la situación y el discurso político, hay un problema de protocolos ante el acoso racista, un problema de contenidos educativos y una falta de profesorado multicultural. Voy por partes.

Los discursos de extrema derecha han llegado a las aulas no solo a través del alumnado, sino también del profesorado. Se crea un ambiente hostil hacia determinadas personas. Además, no hay protocolos unificados contra el acoso racista en las aulas de las comunidades autónomas. De hecho, me consta que hay centros en los que se está sancionando a quien se defiende del acoso y la agresión racista. Si se deja pasar la cuestión, el problema crece. Pero hay más.

Sobre los contenidos educativos, no se habla de por qué el mundo está configurado así. Se hacen discursos fáciles de nosotros y ellos, deshumanizantes, sobre todo en Historia y Filosofía. Hay que hablar de diversidad como algo normalizado, la sociedad ha sido siempre multicultural. En la Educación se hacen lecturas de invasión y de enfrentamiento que, si se traen al momento presente, en las mentes juveniles generan odio. Cuando se habla de los visigodos parece que eran españoles de toda la vida, mientras que con los musulmanes se habla de invasión y reconquista. La forma en la que se narra el pasado está glorificando hechos criminales y culpabilizando a las víctimas. No se habla de la contribución del pueblo africano o gitano en la historia de España. No se puede hablar solo del hombre blanco católico en una clase. Y, sobre todo, faltan más profesores diversos, del pueblo gitano, americanos, asiáticos, afrodescendientes… Los alumnos tienen que ver figuras de autoridad moral diversa.

Me gustaría saber la razón, pero no la sé. Sin duda estoy a favor de una regularización general, y voy más allá: de que no haya diferentes estatus jurídicos. Si he aprendido desde este puesto es que el Gobierno no es una sola persona. Cada vez que algo se mueve, se mueven muchas otras, hay consecuencias diversas y hace falta equilibrio. Pero, aun así, considero que sería bueno ser valientes, hace falta más valentía. Hay que arriesgarse a la reacción que venga porque los beneficios son mucho mayores. Los que no tienen papeles viven en un sistema paralelo. No se ha hecho el esfuerzo para que las personas que no tienen empatía con ellos al menos entiendan el coste social de tenerlos así. Que haya personas sin derechos tiene un coste social elevado en muchos ámbitos. Hay que hacer un esfuerzo para que la población entienda que es mejor que todo el mundo esté regularizado. Pero si se hace creer a la gente que es posible una deportación masiva, entramos en una colisión cognitiva que hace difícil todo lo demás. El contexto es de racismo estructural, tiene que haber personas sin derechos para que sean más explotables económicamente, y se consiente que la situación continúe así. Hace falta más valentía.

Hemos estado muy cerca de que pasara en las ultima selecciones. A la extrema derecha o al fascismo, hablando claro, no le hace falta mucho más para determinar un Gobierno en nuestro sistema parlamentario. Se mueven en varios ejes: son antifeministas, antimigración, contrarios a la diversidad cultural nacional y defienden los privilegios de clase. En el momento en que les interesa explotar cualquiera de esos ejes lo hacen ante una sociedad poco preparada. Ahora la situación independentista está más calmada y dirigen su foco hacia la migración. Pero siempre estamos en peligro ante esta posibilidad. Son reaccionarios ante cualquier avance social.

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