18/10/2021

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Caídos por EE.UU.: un homenaje a los españoles olvidados de la batalla de Brooklyn

Placa conmemorativa española recién instalada durante una ceremonia en Fort Greene Park, en el distrito de Brooklyn, Nueva York
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En una época de revisionismo febril y vándalo del legado de España en EE.UU., una pequeña placa en un parque coqueto de Brooklyn se ha levantado esta semana con rebeldía. Lo habitual de las últimas décadas es que se tire una
estatua de Fray Junípero
Serra o se quite el nombre del misionero que puso los cimientos de la actual California; que se lance pintura contra una talla de Juan de Oñate; que se descabece otra de Colón; o que más ciudades, instituciones y organizaciones se carguen el día dedicado al almirante -12 de octubre- y lo
cambien por el Día de los Pueblos Indígenas.

Este martes, sin embargo, representantes políticos, historiadores y defensores del legado español en

 EE.UU. -desconocido al extremo en este país, a pesar de muchos esfuerzos en los últimos años- se reunieron en el parque de Fort Greene -un barrio delicioso, de callecitas con ‘brownstones’, hasta hace veinte años un enclave negro de Brooklyn, ahora ‘gentrificado’ al extremo- para recordar un capítulo de la historia compartida de ambos países: la muerte de cientos de españoles en la Guerra de la Independencia.

El objetivo del encuentro era descubrir una placa que conmemora a los compatriotas que murieron en los barcos-prisión de los británicos tras la batalla de Brooklyn, la mayor de la guerra que emancipó a las colonias americanas de la metrópolis.

La placa, en realidad, ya existía. En 1976, en conmemoración del segundo centenario de la independencia de EE.UU., el rey Juan Carlos se presentó en este barrio, patria chica de Michael Jordan o Spike Lee, residencia de John Steinbeck o Walt Whitman, y antes campo de batalla entre revolucionarios y ‘casacas rojas’. El monarca presentó una placa «en memoria de aquellos valientes hijos de España que pelearon, sufrieron y murieron por la causa de la independencia americana».

Esa placa ha sido víctima del paso del tiempo y de los vándalos y fue retirada. Ahora está dentro del pequeño y descuidado centro de visitantes del parque, en cuyas paredes cuelgan algunos paneles explicativos de la historia del lugar, y ahora también la vieja placa, incluido el agujero sobre la palabra ‘murieron’, como si la hubieran atravesado con artillería de la época.

El nuevo distintivo es producto de una colaboración entre Iberdrola, el Queen Sofía Spanish Institute -una organización que desde 1954 opera en Nueva York para promocionar la cultura del mundo hispanohablante en EE.UU.-, las Hijas de la Revolución Americana, el Gobierno de España y autoridades locales.

«Esta nueva placa de bronce ayudará a conmemorar un capítulo importante de la historia de la ciudad de Nueva York y los valientes esfuerzos de los patriotas españoles que lucharon y se sacrificaron por la libertad de nuestro país», aseguró la comisionada para Parques de Nueva York, Gabrielle Fialkoff.

Esa historia comenzó el 27 de agosto de 1776, cuando los británicos atacaron las posiciones de los revolucionarios americanos en estos terrenos. El parque de Fort Greene -nombrado en honor del general Nathaniel Greene- era el lugar donde se asentaba entonces Fort Putnam, una de las defensas militares levantadas con celeridad por los patriotas estadounidenses. Pero, como ha recordado en nuestros tiempos la letra de
‘Hamilton’ -el popular musical
sobre el padre de la patria Alexander Hamilton-, los americanos en Brooklyn estaba sobrepasados «en cañones, en hombres, en planes» por los británicos.

George Washington, líder de los revolucionarios y después primer presidente del país, tomó una de las decisiones más trascendentes de la guerra: el 29 de agosto, con nocturnidad y discreción, transportó todas sus tropas en retirada al otro lado del East River, a Manhattan, para dejar después a Nueva York en manos de los británicos. Los británicos no esquilmaron el ejército revolucionario, que se reagrupó hacia el Sur y se reforzó para las siguientes batallas.

Los británicos capturaron cerca de dos mil revolucionarios y no sabían muy bien qué hacer con ellos. «No los reconocían como prisioneros de guerra, porque eso hubiera sido reconocer a EE.UU. como un país, los trataban como traidores», ha explicado Martin Maher, el comisionado para Parques del distrito de Brooklyn. Tampoco sabían dónde meterlos, con pocas prisiones o edificios preparados para esa función. Al final, colocaron a miles de ellos en barcos-cárceles en la bahía de Wallabout, una pequeña ensenada en Brooklyn que hasta hace poco la dominaban los astilleros y donde desde hace una década florecen los negocios ‘hipster’, como cerveceras artesanales, estudios de artistas, cafés de diseño o granjas urbanas.

Durante la guerra, pasaron por ahí casi decenas de miles de prisioneros. Unos 11.500 -más que en todas las batallas por la independencia- murieron por enfermedades o malnutrición y desde comienzos del siglo XX una torre enorme, una especie de faro en la colina que forma el parque de Fort Greene, los conmemora.

Cerca de este Monumento a los Mártires de los Barcos-Prisión está la nueva placa a los caídos españoles. Se cree que unos doscientos murieron en barcos como el infame ‘Jersey’, donde se hacinaban hasta 1.500 reos a la vez y que ha sido definido como «el infierno».

«No sabemos mucho de los españoles que fueron prisioneros en la bahía de Wallabout», ha reconocido Larrie Ferreiro, historiador y autor del libro ‘Hermanos en las armas: la independencia de América y los hombres de Francia y España que la salvaron’. «Los británicos solo apuntaban los nombres de los prisioneros, no sus orígenes o las circunstancias de su captura».

No está claro si los cerca de doscientos hombres con nombres y apellidos de origen español acabaron en esas prisiones por su espíritu revolucionario, como parte de la ayuda de la Corona de España en la independencia de EE.UU., dentro de otras trifulcas entre navíos españoles y británicos o porque el infortunio les llevó hasta ellos.

Lo cierto es que sus restos están en la cripta construida debajo de la torre-monumento, alrededor del que ahora las chicas de instituto ensayan sus bailes, hacen trucos los ‘skaters’ y se besan las parejas con los rascacielos del centro de Brooklyn y de Manhattan al fondo.

Y la placa que los celebra es un recordatorio de la historia compartida entre EE.UU. y España, con episodios tan decisivos como la campaña de
Bernardo de Gálvez
en el Sur, que expulsó a los británicos de la región y permitió a Washington concentrarse en la campaña en el Este. Una historia que no se levantará con una placa, pero que tampoco se tumbará con el derribo de otra estatua.

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