21/10/2021

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Esta Italia es una gozada

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Habrá que ver cómo salimos de esta Eurocopa, que no da tregua y legitima la fuerza sentimental del fútbol. Su guion diabólico trajo otro partido gigante y conmovedor, que acabó por sentenciar el virtuosismo y la valentía de esta nueva Italia. Fue capaz de fundir sin moverse ni un ápice de su actual estilo a una selección con De Bruyne y Lukaku en el frente. Enorme Italia, dignísima Bélgica.

Se empeñan en recordar los entrenadores que el fútbol es de los jugadores, pero la presencia de Roberto Martínez y Mancini en los banquillos lo desmiente. No es para menos. En la cosmopolita Múnich, Martínez alistó a De Bruyne y dejó fuera de la convocatoria a Eden Hazard. El madridista no llegó a tiempo como le viene sucediendo sin visos de solución. Cuando se esperaba a Mertens asomó el novel Doku como sustituto, verso libre en Bélgica, que va sobrado de atrevimiento. Lo suyo resultó una demostración plena de que existe en él un proyecto de jugador magnífico.

No fue la única sorpresa del técnico Roberto Martínez. Al igual que en el último Mundial, en aquella noche para el recuerdo ante Brasil, dejó a De Bruyne en el centro y trasladó a Lukaku a la derecha cuando tocaba defender para después asaltar la espalda de Spinazzola en la transición. A Mancini no le cambió su planteamiento. Volvió a Chiellini para afrontar con más entereza la custodia de Lukaku, sacrificó a Berardi por Chiesa y alentó la admirable propuesta que tanto bien hace al fútbol.

Lejos de la tradición defensiva, Italia ha interiorizado como suya la revisión del estilo que ha liderado Mancini. Ahora suda y juega, indistintamente. Es una selección atractiva, modernista, fogosa, que da valor al grupo y desmenuza los partidos con el balón, sin perder la impronta táctica y la nobleza física de siempre. Desde estas premisas, desmontó a Bélgica de inicio. Presión altísima, movimientos continuos y gran trato de balón.

Italia fue pronto al grano. Di Lorenzo y Spinazzola atacaron como aviones la debilidad de Meunier y Thorgan Hazard, mientras que Jorginho, Barella y Verratti gobernaron la medular. El 1-5-2-3 de Bélgica en fase defensiva desconectó en parte sus líneas. Por detrás de Witsel y Tielemans emergió un espacio demasiado importante. Italia quiso antes y golpeó primero. En un balón parado, Bonucci encontró el gol, pero Bélgica escapó de esa primera puñalada gracias al VAR. Había fuera de juego. En ese tramo de dominio italiano, pudo Bélgica hacer pagar su osadía a la Nazionale con dos contraataques de De Bruyne y Lukaku. Donnarumma lo evitó.

Pasado el susto, Italia siguió a lo suyo. Fruto de su empuje, puso la primera pica en el marcador. Vertonghen pecó de falta de contundencia, Verratti anticipó y Barella definió con la grandeza que le precede. No paró ahí Italia, exigente siempre consigo misma. El flujo de talento que disfruta es inmenso e Insigne concretó esta realidad con otro gol de insultante belleza al borde del descanso. Fue un final de primer tiempo tremendo, que dejó otro capítulo con un penalti que se inventó Doku y que contó con la condescendencia del VAR. Necesitado de él, Lukaku aproximó a Bélgica antes de ir al rincón de pensar.

El tiempo de reflexión del descanso no alteró nada. Mejor para todos. Italia mantuvo su filosofía ofensiva y a Bélgica no le quedaba otra que ir de cara a por el empate. Se agarró a Doku, tan efectista a veces como efectivo casi siempre. Su alianza con De Bruyne derivó en una ocasión de Lukaku que Spinazzola todavía no sabe cómo evitó bajo palos. Después llegó el acta de sucesos. Chadli, que acababa de salir, duró un suspiro en el campo y Spinazzola se retiró entre lágrimas por lo que significaba su lesión.

En una batalla contra el tiempo, el del propio partido y el de la última ocasión de ganar para su generación de oro, Bélgica lo intentó por tierra y aire, hasta con Courtois, pero se topó con el mito original de Italia. Su épica resistencia a la derrota permanece inmutable. Es un enemigo natural de la literatura, que siempre cuenta mejor las tragedias que los episodios felices. Durante años logró que los rivales no fueran ellos mismos cuando se enfrentaban contra ella. Jugar contra Italia daba vértigo, era peor que una visita al dentista. Ahora es otra cosa. Juega y suena mejor. Se ha españolizado. Que no acabe nunca esta Eurocopa.

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