23/01/2022

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Homosexual, estadounidense y judío: el extravagante torero ‘yanqui’ que triunfó en la España de la posguerra

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Sidney Frumkin (Nueva York, 1903) fue el hijo mediano de una numerosa familia de inmigrantes rusos de origen judío ortodoxo volcado en la loca empresa de convertirse en un matador de toros. Apodado ‘el Torero de la Torah’ y el torero ‘Yanqui’, este estadounidense amigo de Hemingway se marchó del hogar familiar tras una fuerte bronca con su padre, el primer agente de policía de origen ruso en la ciudad, siguiendo su pulsión como actor y sus pocas ganas de dedicarse a la carrera de Comercio, que había estudiado en la Universidad de Columbia.

Se valió de sus casi dos metros y sus facciones rubias para hacer de modelo de unos carteles taurinos en México. Ese primer contacto con la tauromaquia fue para Franklin (adaptación inglesa de su apellido ruso) una metamorfosis, un puente para demostrar que también
un gringo podía dedicarse al toreo
.

Tras una larga trayectoria como novillero en México, el estadounidense llegó a España por primera vez en junio de 1929 y empezó a participar en festejos taurinos de Madrid, Sevilla, Santander, Tarragona, San Sebastián, Bilbao, Ceuta o Cádiz, entre otros lugares. Rafael Sánchez Guerra describió su presentación en Sevilla como «un buen éxito. Alternaron con él en la lidia de seis novillos de Moreno Santamaría los novilleros Cámara y Echevarría».

El debut en Madrid fue el día de Santiago de 1929 junto con Maera II y Manolo Agüero, en la lidia de novillos de Eduardo Pagés. El cronista de ABC, Eduardo Palacio, escribió así el efecto mediático de Franklin:

«Presentación de un torero norteamericano. Al conjuro de tan extraño suceso, se llenó hasta el tejado la plaza de Madrid. Sidney Franklin, acompañado de Maera y de Manolo Agüero, iba a presentarse ante el público de la corte, tras una actuación, ni brillante, ni vulgar, en el coso donostiarra… En México y en sus Estados más importantes, ha toreado Sidney Franklin varias corridas, muchas, las suficientes para aprender a manejar con la soltura que lo hace el capote y no ignorar algunas de las defensas que puede proporcionar la franela…con la capa escuchó muchas palmas el torero norteamericano, que llegó a lancear hasta por chicuelinas, claro es, que traducidas al inglés, o sea, sin la gracia y el arte de su inventor, Manuel Jiménez. Se distancia mucho Franklin toreando de muleta y el mismo defecto apunta al tirarse a matar…no obstante, despachó su primer toro de una buena estocada, dando el norteamericano la vuelta al ruedo entre una cariñosa ovación».

La promoción de
Ernest Hemingway
, todo un aficionado al toreo, abrió a Sidney Franklin las puertas de las grandes tardes. En su novela ‘Muerte en la tarde’, el escritor se refirió a su compatriota en términos grandilocuentes: «Es valiente con un sentido frío, sereno e inteligente del valor […]. Es uno de los más hábiles, elegantes, diestros y lentos con la capa que torean hoy día […] Se encuentra entre los seis mejores matadores de España actuales».

Los críticos taurinos se dividían entre quienes consideraban a Franklin simplemente un mal torero y los que le consideraban un buen matador, pero con un aura pública exagerada. Uno de los más críticos fue, pasado el furor inicial, Sánchez Guerra, que en las páginas de Blanco y Negro calificó a Franklin de «torero de serie americana» y dio por hecho que, como él, «Estados Unidos podrían exportar fácilmente 50 o 60 todas las temporadas. No tendrían más que proponérselo, aunque, naturalmente, es mucho mejor que no se lo propongan. Toreros como Franklin los tenemos aquí en España a montones. Es muy valiente, eso sí, pero yo creo que es un valor inconsciente y, por tanto, sin mérito alguno».

Acompañado de una caricatura del neoyorquino, Luis Gabaldón escribió en las páginas de Blanco y Negro (28-04-1929)
un retrato cómico de Franklin
, «¡un torero yanqui! ¿Lo conciben ustedes?». Tras especular sobre si habría aprendido el arte de torear por correspondencia, el columnista celebraba que, si cuajaba el diestro neoyorquino, «mucho se habría conseguido en él intercambio con norteamérica. […] Y ya suponemos a quién brindará Franklin su primer toro, si hay ocasión. ¡A la «Yanki»!».

Aprovechando un periodo de recuperación tras una tremenda cornada que le partió la base del coxis, penetró por el recto destrozándole el esfínter y le afectó gravemente a su intestino grueso, el estadounidense cruzó el charco. De vuelta en México, recibió la alternativa en la fronteriza ciudad de Nuevo Laredo el 22 de febrero de 1931. Además, intentó hacerse un hueco como actor en Hollywood, donde rodó algunas películas interpretándose a sí mismo, como en ‘The kid from Spain’ (1932) y años después se haría gran amigo de la estrella James Dean, con el que se fotografió ensayando lances al aire. La escritora y fotógrafa norteamericana Muriel Feiner narra en su libro ‘¡Torero!: los toros en el cine’ que Dean conoció a Franklin a través del director Rogers Brackett, otro apasionado de la Fiesta.

Tardó un tiempo en regresar a España, entre otras cosas por el paréntesis de
la Guerra Civil
, pero cuando lo hizo fue por la puerta grande. El 18 de julio de 1945 tomó la confirmación como torero en las Ventas. En la crónica aparecida en ABC el día siguiente, el crítico taurino Giraldillo escribió:

«Sexto. El mejor presentado de la corrida… Cuatro varas, dos pares de banderillas. Franklin brinda al público. Comienza con mucha voluntad. Hace lo que puede e incluso tira del repertorio florido, saliéndonos por manoletinas y molinetes. Dos buenas estocadas y descabella a pulso. (Hay nueve una ovación y algunos piden la oreja, aunque no muy en serio.) Los muchachos se echan al ruedo y pasean a hombros al torero americano… Aparte de la actuación del Sr. Domecq, que tuvo una actuación brillante, tal como de su jerarquía artística era de esperar, la corrida no tuvo relieve… Sidney Franklin… es ya un veterano. Cuando estaba ya casi olvidado del público que hace ya años le recibió con curiosidad, he aquí que el bueno de Sidney se nos presenta con su intrepidez de deportista… se ha empeñado en ser torero… pero el toreo no tiene traducción posible… solo cabe en el habla española en que nació».

A diferencia de Hemingway, alineado con la causa republicana, Sidney Franklin se mostró favorable al bando nacional y se instaló en Sevilla, donde abrió
una escuela taurina
. Mantuvo en España su carrera y diversos negocios hasta 1957, cuando fue encarcelado durante nueve meses debido al registro ilegal de un vehículo, lo que para algunos fue solo una forma amable de vestir una pena por su homosexualidad. Enemigo de su mujer Martha Gellhorn, la relación con Hemingway era también historia para esos años.

El torero yanqui, que solía acompañarse por un harén de mujeres en sus actos públicos para esconder su condición sexual, abandonó para siempre España. Sus últimas actuaciones en la plaza fueron en el año 1959: dos festejos mixtos al lado de su discípulo Baron Clements, también estadounidense, resultando herido en el del 3 de mayo en Ciudad Juárez. Sus últimos años en EE.UU. fueron de olvido y soledad. Falleció con 72 años de edad en una residencia de ancianos de Brooklyn el 26 de abril de 1976.

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