21/09/2021

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Los tres poderes… retóricos

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Con dos puñetas, una por el Tribunal Supremo y otra por el Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes habló de independencia del poder ídem, tuvo el humor de hablar de independencia del poder judicial. Pero ¿quién nombró a Lesmes?, ¿quiénes decidieron que esté ahí?

Pablo Casado está haciendo algo notable. Quiere reformar el poder judicial mientras controla en cierto modo el poder judicial. Cree tanto en su independencia que prolonga un ‘statu quo’ que le beneficia o, al menos, no le perjudica.

Es verdad que el PSOE, carcoma institucional, quiere penetrarlo todo, y es verdad que la ley es suya, pero el PP tuvo dos mayorías absolutas para derogarla y… ay, es que Mariano… ay, es que Aznar… ay,

 es que el PP es buen chico, pero a veces se despista y se le va el santo al cielo…

Esta cuestión del CGPJ enseña mucho. Primero, que la Transición se ‘transicionó’ en los 80, donde el PSOE terminó de ocuparlo casi todo. Del 85 es su ley sobre el CGPJ y del 85, cuando Almodóvar nos modernizaba, es su ley para el asalto autonómico a las cajas (la Lorca, para más inri).

Enseña también la división de funciones entre PP y PSOE. Igual que el PP es el encargado de tomar las medidas de ajuste económico que disfruta el PSOE; el PSOE suele cometer los destrozos políticos e ideológicos que luego, olvidadizo (¡este chiquillo!) disfruta el PP. Cierto es que en el Partido Popular hubo propuestas, voces críticas, momentos de lucidez, y por ello del PP puede salir un Vox, pero del PSOE no pueden salir más que tertulianos de la SER.

Carlos Lesmes no solo incurrió en la hilaridad de hablar de independencia, también se puso campanudo hablando de Poder Judicial, recalcando sospechosamente lo de Poder. Pero ni es independiente, ni está claro que sea poder. «Un poder casi nulo», dijo Montesquieu (pido perdón por citarlo, mi vergüenza es absoluta), pero al hablar de poder, al ponerle la P mayúscula, en cierto modo se le eleva, se le coloca a la altura del ejecutivo y del legislativo (dos bueyes uncidos al mismo carro) como si fuera una potencialidad equivalente, una instancia equipotente, como una parte del Estado capaz de mirar de tú a tú… ¿al propio Estado? ¿a una de sus partes?

Hay dudas (expertas) de que sea así y las palabras de Lesmes y de todos los Lesmes, que no pueden disculparse por la ignorancia del periodista (el periodista es como un médico rural, conocedor de casi todo, experto en nada, con un necesario talento narrativo y sentimental y el conocimiento triste de la verdad última de la vida), sus palabras demuestran, sobre todo, que hay una retórica judicial de la que se nutre la política, y que junto a la periodística forman tres afluentes, ¡tres poderes! ¡los tres poderes retóricos de esta cosa enloquecedora! Aquí sí: tres poderes parlantes, como tres inflados tenores, uno de ellos especialmente grave (para papeles de edad y severidad) togado y empuñetado.

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