09/05/2021

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Un sondeo de la Junta refuerza la idea de Moreno de no adelantar las autonómicas

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno (i), durante la reunión con el portavoz del grupo parlamentario Vox, Alejandro Hernández (d). En Sevilla (Andalucía, España), a 02 de septiembre de 2020.
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Un sondeo del Gobierno andaluz, hecho público este lunes, no deja lugar a dudas sobre las preferencias de la ciudadanía al respecto de un supuesto adelanto electoral en la Comunidad, contra el que se ha manifestado en varias ocasiones el presidente de la Junta, Juanma Moreno (PP): el 70% de la ciudadanía rechaza que las elecciones se produzcan antes de su fecha, a finales del año 2022.

La pregunta de la encuesta es directa y dice así: «Y en su opinión, ¿considera que se deberían adelantar las elecciones en Andalucía para cambiar el Gobierno de la Junta?». Solo el 18,9% responde que sí, por un 70,7% que opina que no. El resto, un 10,5%, o no sabe, o no contesta.

Después del terremoto político iniciado en Murcia, y tras la convocatoria de los comicios, con aire de generales, en Madrid, se han desatado las especulaciones –alentadas en ocasiones por sectores del PSOE, críticos con la dirección de Susana Díaz, que persiguen adelantar la fecha de los congresos– sobre si sucedería lo mismo en Andalucía. El presidente las ha rechazado en numerosas ocasiones.

Aunque nada se puede decir con toda certeza sobre el futuro, y menos con las elecciones en Madrid, que han tomado un aire de generales, a la vuelta de la esquina, la idea del presidente de la Junta, según las fuentes consultadas por Público, es, si no pasa nada que obligue a cambiar esa hoja de ruta, llegar al otoño de 2020, una vez que la Comunidad haya salido del coronavirus y se hayan reactivado los sectores más dañados por la crisis.

Moreno ha insistido varias veces en que «ahora mismo en Andalucía hay estabilidad institucional, que permite ver un marco amplio de legislatura». «Por encima de cualquier campaña, quiero vacunar, vacunar, vacunar y volver a vacunar» contra la Covid-19, y «después, reactivar la economía». «Hasta que no consiga eso, no quiero pensar ni mucho menos en campaña electoral», dijo en fechas recientes, según recoge Europa Press.

Cuando se produjo el seísmo de Murcia, Moreno y los suyos trabajaron para evitar que las réplicas les arrastrasen a ellos también. Por un lado, el presidente rechazó con rapidez adelantar elecciones y, por otro, logró amarrar los apoyos en que sustenta su poder.

Primero, cerró con Ciudadanos, un partido arrasado por las deserciones, una conjura para que el Ejecutivo de coalición que comparten llegue hasta el final de la legislatura y cerró un acuerdo para que el PP, en Andalucía, no aceptara tránsfugas de Ciudadanos.

Y, después, logró que, en una tensa visita a Sevilla, con insultos a la prensa incluidos, Santiago Abascal, el jefe de la ultraderecha, aunque le invitara a reflexionar sobre la conveniencia de adelantar las elecciones, en realidad, lo que hiciera fuera renovar el apoyo.

Los escenarios, más allá de factores externos –como un resultado espectacular del PP en Madrid, que llevase a Pablo Casado a tratar de aprovechar esa ola– son los siguientes. Por un lado, Moreno tiene presupuestos hasta final de año, por lo que adelantar sin necesidad y, en contra, de la opinión mayoritaria, podría tener un coste.

Si en otoño, Vox decide que es hora de elecciones puede optar por no aprobarlos y el presidente tendría o bien que convocar o bien atrincherarse de mala manera en el Gobierno unos meses, sin presupuestos nuevos en un momento clave para la salida de la crisis económica, fruto de la covid, la coronacrisis, como la ha llamado el presidente en alguna ocasión.

Sin embargo, esta operación tendría riesgos para ambos, tanto para el PP como para Vox, habida cuenta de que las encuestas, todas, incluida la del Gobierno, hecha pública hoy, lo que revelan es que Moreno, si quiere gobernar otra legislatura en Andalucía, lo va a tener que hacer de la mano de la ultraderecha.

Otro escenario es que Vox opte por cerrar la legislatura y apoye el presupuesto del 22. Con ello, Moreno podría cumplir sin aspavientos con su idea de vacunar y después apoyar la recuperación económica con los miles de millones que vienen de Europa y las facilidades de gasto que ha dado el Gobierno de España a las CCAA, lo que les ha permitido mantener las apariencias políticas. Sin ese respaldo de Hacienda al entramado, que ha incrementado el déficit del Estado hasta niveles desconocidos desde la caída de Lehman, Moreno y su gabinete tendían otra cara.

La encuesta del Gobierno revela, aunque la figura del presidente sale bien parada y su gestión personal es bien valorada, que el paso del tiempo y la covid y los problemas económicos y sanitarios, además de pasarle factura al Gobierno de España, también se la cobran al andaluz, aunque en mucha menor medida.

Así, son más quienes consideran que la actuación del gabinete de Moreno es mala o muy mala –el 41,6, cuatro puntos más que en diciembre– que quienes afirman que es buena o muy buena –36,4%, dos puntos más que hace cuatro meses–. Los datos son mucho peores para el Gobierno de España. Un 69,1% creen que gestiona mal o muy mal por solo un 14,3% que cree que lo hace bien o muy bien.

En todo caso, el sondeo del Gobierno, que la oposición descalifica por completo, ofrece sobre todo un dato que a los sociólogos consultados por Público les hace tener todas las cautelas sobre los resultados que ofrece: tiene un sesgo de tipo técnico hacia la derecha, lo que produce consecuencias en todas las categorías.

Así, los andaluces se sitúan en un 5,27 en la escala ideológica, lo cual implicaría un cambio muy profundo no detectado por otras encuestas. Conllevaría que la sensibilidad andaluza ha derivado del centro izquierda al centro derecha en estos dos años, algo improbable para los investigadores.

Por otra parte, los criterios de estimación de las proyecciones electorales no se explican en la encuesta más allá de aplicar «una ponderación de los datos por recuerdo de voto imputado y el uso de modelos que relacionan la intención de voto con otras variables [que no se especifican]».

Así, salen resultados como que el bloque de las derechas sube casi tres puntos –2,9– desde el sondeo de diciembre –54,5% de los votos al 57,4%– y el de la izquierda caiga apenas uno –del 38,6% al 37,6%–. ¿De dónde sale pues esa subida si no es de un trasvase de votos entre bloques? De «otros partidos» no parlamentarios, que caen un 0,5%, y del voto en blanco, que desciende un 1,4% desde diciembre.

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