18/10/2021

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Una receta sencilla para reducir el riesgo de sufrir un infarto o un ictus

Una receta sencilla para reducir el riesgo de sufrir un infarto o un ictus
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Según los datos que actualmente maneja la OMS, 1.280 millones de personas en el mundo padecen hipertensión, y dos tercios de ellos viven en países de ingresos bajos y medianos.

La enfermedad, que es conocida como «el asesino silencioso» porque como dicen los expertos «ni pica, ni duele», es un trastorno teóricamente sencillo de tratar pero que sostenido en el tiempo aumenta el riesgo de sufrir infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares.

Además, según múltiples estudios, su situación empeora con el consumo excesivo de sodio.

Para que nos hagamos una idea, una persona pueda entrar en riesgo sólo con incrementar 4 milímetros su presión arterial (de 135 a 139, por ejemplo). Y el consumo excesivo de sal, en personas sensibles puede aumentar hasta más de 10 milímetros la presión arterial.

Pero si lo miramos por la parte positiva, y tomamos como referencia un estudio realizado en 2010  por un equipo de la Universidad de Stanford, solo con reducir la sexta parte de una cucharadita de sal al día (350 miligramos) podemos bajar la presión arterial sistólica en 1,25 milímetros de mercurio.

Y aunque aparentemente parezca muy poco, se calcula que sería suficiente para evitar un millón de accidentes cerebrovasculares y ataques cardíacos.

Ahora acaba de aparecer un nuevo estudio publicado en la prestigiosa revista New England Journal of Medicine,  que muestra los beneficios que para la salud tendría la disminución de un poco de sal en la dieta diaria.

El estudio se realizó en 600 aldeas de la China rural, donde reclutaron a 20.995 personas, a las que siguieron durante casi 5 años.

La edad media de los participantes al inicio del estudio era de 65,4 años, y alrededor de la mitad (49,5 %) eran mujeres.

Además, la gran mayoría de los participantes tenía antecedentes de hipertensión (el 88,4%) o había experimentado un accidente cerebrovascular (72,6%).

Con ese perfil de pacientes, los investigadores dividieron al azar a las casi 21.000 personas en dos grupos:

Cada 12 meses, los científicos visitaron algunas de las aldeas para verificar que los participantes estuvieran usando el tipo correcto de sal.

Y para confirmar que las respuestas eran ciertas, decidieron medir la cantidad de sodio y potasio presente en la orina de los participantes, así como tomar lecturas frecuentes de la presión arterial.

Después de un período de seguimiento medio de 4,74 años, el experimento demostró que la sustitución de la sal de mesa normal por una sal baja en sodio redujo significativamente la tasa de crisis y fallecimientos por problemas cardiovasculares.

La protección se produjo en los hogares que usaron sal de mesa modificada, en la que se sustituía un 30% de cloruro de sodio por la misma cantidad de potasio (en peso), aunque no se conocen cambios en el uso de otras fuentes ricas en sal como la salsa de soja y el glutamato.

La clave puede estar en que la especie humana evolucionó desde una dieta muy baja en sodio, de 200 a 600 miligramos al día. Por eso nuestro cuerpo está diseñado para retener el sodio y eliminar el potasio, lo que lo que ayuda a que se produzcan efectos nocivos.

 

Ya son muchas las empresas de productos envasados que han decidido reducir la sal y algunas comienzan a incluir la leyenda «bajos en sodio» como una virtud del contenido.

La mayoría de la gente ni siquiera nota el cambio.

Y la experiencia asegura que si vamos haciendo una reducción gradual de la cantidad de sal con que condimentamos nuestros platos, las papilas gustativas se irán adaptando y lo más probables es que no notemos problema alguno con los nuevos sabores.

También podemos tomar precauciones con los productos envasados que consumamos.

Por ejemplo, algunos se pueden

El autor principal del estudio, el profesor Bruce Neal , del Instituto George para la Salud Global, en Newtown, Australia, explicó:

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